
Desapego es una palabra a menudo poco comprendida. Desapego no
significa cortar con nada. No significa alejarse. Significa aprender a
separar dos cosas distintas, el mundo exterior y el mundo interior, y
ser capaces de diferenciar estos dos mundos.
En el exterior están nuestros trabajos, estudios, economía,
relaciones, etc. En el interior están las cosas sutiles que no se pueden
medir fácilmente, cosas que no son físicas: nuestros sentimientos,
emociones, conciencia y personalidad. Todas estas cosas se generan en
nuestro mundo interno, dentro de nuestra propia identidad espiritual.
Necesitamos fortaleza para permanecer libres de la influencia de los
demás. El desapego es esta fortaleza. Si no logramos permanecer
desapegados de las influencias no seremos capaces de mantener nuestros
pensamientos bajo control. Eso repercutirá en una pérdida de bienestar
interno.
El primer paso en el desapego es comprender ‘quién soy’ como entidad espiritual.
La vida diaria está llena de desafíos a este desapego. Por un lado
estará nuestra conciencia espiritual, pero por el otro estará la
atracción hacia los seres humanos y el mundo material. El desapego, como
se ha mencionado, no significa separarse de éstos, sino permanecer
consciente de nosotros mismos como seres espirituales y desempeñar
nuestro papel en el mundo. El desapego es, pues, mantenerse centrado en
la propia espiritualidad.
Entender la virtud del
desapego nos aporta múltiples beneficios a muchos niveles, tanto a nivel
de las relaciones como en conexión con las situaciones de la vida.
Un desapego preciso está conectado con un estado de atención
interno. Somos muy conscientes de nuestro ser espiritual, estamos
estables en el auto-respeto. En este estado no hay miedo de cometer
errores, ni sospechamos de los demás, ni adoptamos actitudes críticas o
enjuiciadoras. Entonces automáticamente sentiremos desapego y una
sintonía profunda con las escenas que la obra de la vida nos presenta.
El desapego es un espacio muy respetuoso entre mí y la otra persona,
un espacio de amor y consideración que crea armonía entre nosotros. El
desapego es un signo de cercanía precisa, no hay una relación de
dependencia ni basada en expectativas. El desapego es esta virtud tan
hermosa que fácilmente se nos escapa.
En el estado de
desapego y espiritualidad generamos sentimientos puros y benevolentes
hacia todos. Los sentimientos puros, que vienen de nuestro ser interno,
son inclusivos y acogen a todos, no son selectivos. Los sentimientos
puros, en contraposición a las emociones demasiado intensas o
descontroladas, son como un riachuelo que deja un rastro de frescor y
fragancia. Las emociones necesitan ser filtradas a través del
conocimiento espiritual, de la misma forma que se separa el oro de la
aleación que ha reducido su valor.
La cercanía con apego
está basada en el egoísmo. La cercanía espiritual también mantiene una
distancia respetuosa, pero no da sentimiento de distancia, ya que
propicia unas relaciones livianas y llenas de armonía. Estoy disponible y
abierto, pero no me enredo ni atrapo con los demás. Me mantengo calmado
internamente y así la confusión y las emociones que generan
intranquilidad simplemente se desvanecen.
Amor y desapego
son dos virtudes que conforman un delicado y hermoso equilibrio.
Comprendiendo estas dos virtudes y cómo se complementan la una a la
otra, y sobre todo, practicándolas ambas a la vez, podremos experimentar
fácilmente relaciones sanas y armoniosas.